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Año XIX | Nº 1089 - Buenos Aires - Argentina | CONTACTENOS
Cuéntenos sobre su vida. Su pareja, su familia, su trabajo, una anécdota de su infancia, el lugar donde vive. Puede ser una narración, una carta, y hasta un poema. La extensión no debe exceder las dos carillas. Todas las semanas seleccionaremos una carta que será publicada. Escriba a Revista Mía, Querida Mía, Chacabuco 271, CP 1069, Buenos Aires. También puede hacerlo por correo electrónico a queridamia@perfil.com.ar
 

El tobogán de la vida
Subimos, bajamos
nos amamos,
besamos, abrazamos.
Aterrizamos calmos,
nos sostenemos sobre la húmeda
y dorada arena,
nos enojamos,
nos amigamos,
nos olvidamos del mundo.
Unimos nuestras manos,
nos apretamos, nos soltamos,
jugamos, hacemos piruetas
con nuestros dedos,
nos tranquilizamos y
respiramos profundo.
Sentimos que nos asfixiamos,
soltamos el aire, nos relajamos
gozamos, nos miramos.
Volvemos a subir al tobogán de la vida,
nos bajamos, reímos en el último escalón,
subimos nuevamente,
terminando de bruces sobre el piso,
abrazamos los pequeños hilos de luz
que se asoman en el atardecer que agoniza.
Mabel Hurtado, Unquillo, Córdoba.

Simplemente gracias
Querida Mía:
Este es un poema que hice para mi abuela, ya fallecida.
A mi abuela Adela.
Gracias por ser para mí, todo lo que fuiste.
Gracias por reunir todas las condiciones,
por ser mi mejor amiga.
Gracias por hacerme sentir tan cerca de ti.
Gracias por brindarme todo lo que tenías dentro tuyo.
Gracias por tus consejos, tu cariño, tu amistad.
Gracias por todo eso y mucho más.
Gracias por hacerme sentir como una hija más.
Gracias por ser mi "segunda mamá".
Dios no sólo quiere espinas en su reino, sino
también rosas, por eso te quiso a vos.
En el lugar donde estás ahora no existe
ni el odio, ni el dolor, ni las amarguras,
sólo existe una vida plena, llena de amor,
felicidad y mucha paz.
Para mí siempre serás el sol que ilumina el día,
la luna que brilla en la noche, una rosa sin espinas
y por sobre todas las cosas, por siempre
serás mi segunda mamá.
Por las noches, cuando levanto la mirada hacia el cielo,
no tengo que buscarte, ahí estás,
porque sos la estrella que más brilla, la que le enseña a las demás a iluminar en las noches,
la que me indica hacia dónde debo ir, la que ilumina el camino que debo seguir.
Tu partida dejó en mi corazón
una herida profunda difícil de sanar.
En mi vida dejó la ausencia de alguien
en quien yo podía confiar,
con quien compartía los momentos tristes,
de dolor, los momentos alegres, en los que juntas reíamos, en los que tu sonrisa irradiaba alegría.
Estoy segura de que algún día nos encontraremos, y juntas gozaremos todo lo que la vida nos truncó.
Con estas palabras simplemente quiero expresarte lo que mi corazón siente: gracias, eternamente gracias.
Lorena Esther Michelini, Selva, Santiago del Estero.

Grito de amor
Me llamo María del Valle Castro, tengo 3 hijos maravillosos, y elegí éste entre los 900 poemas que ha escrito mi padre, un conocido poeta galvence, para enviarles.
Pido al cielo que lo publiquen para alegría de mi corazón.
Siento latir la noche
en oscuros gemidos
con los ojos ya rojos
en el mar del amor.
Pensarás lo que escribo
como cuento olvidado,
me dirás que no lo haga,
pero es dulce el dolor.
A veces me pregunto si
fue amor o castigo,
pero nacen los versos
de un vivir soñador,
cuando escucho que sufren
enloquecen las horas,
la brisa, tus cabellos
volviendo del adiós.
Tu nombre era muy tierno
muñeca imaginada
como errante cometa
rimaba mi canción,
y una estrella encendida
te buscaba en el cielo
titilando en caricias
de armoniosa pasión.
Imaginarte bella,
amarte en blanco nido,
todo fue una locura
con tiempo de perdón,
la frescura de niña
de un "antiguo poeta"
que escribiera hace tiempo
"la ciencia del amor".
Cuánto sufrí Daniela
temiendo a mi fracaso,
en beso ilusionado
mi fe se convirtió,
y mi triste poesía
en notas de violines
entre guiños celestes
tu perfil dibujó.
Llévame hacia la música
de mi noche esperada,
llévame a la pintura
que aún sigue viva en mí.
Cuídame como a un niño
que jugó con la vida,
espérame en los brazos
de un mañana feliz.
Ovidio Castro, Gálvez, Santa Fe.

     

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