

La vida es, sin lugar a dudas, una seguidilla de cambios. Y la menopausia es un acontecimiento normal, el último de los cambios físicos más notables en la mujer, acostumbrada por cierto a tenerlos no sólo a lo largo de la vida, en distintas circunstancias como la adolescencia o el embarazo, sino mes a mes, con la ovulación y la menstruación. El término menopausia designa la fecha de la última menstruación debido al cese de la actividad folicular de los ovarios y, para poder determinarla, se requieren 12 meses consecutivos sin menstruación. En la Argentina, la edad promedio de la aparición de esa última menstruación es de 52 años.
El aumento de la expectativa de vida de la población, es esperable que la mujer viva cerca de un 30% de su vida luego de la menopausia por lo cual, es de suma importancia aprender los cuidados y prevenir trastornos de esta etapa.
Existen dos tipos de tratamientos disponibles para tratar los síntomas de la menopausia, aquellos hormonales y los no hormonales. Los primeros consisten en introducir las hormonas faltantes, estrógenos y progesterona, por distintas vías, ya sea con comprimidos, parches o gel. Los segundos incluyen tratamientos con estrógenos derivados de las plantas, llamados fitoestrógenos.
La selección del tratamiento más adecuado para cada mujer está relacionada con su historia, con sus necesidades y con la etapa de la menopausia en la que se encuentre.
La fitoterapia constituye una ayuda eficaz para aliviar los trastornos que se producen en esta fase de la vida femenina. La clave está en dar con la planta más adecuada para cada caso siguiendo el consejo experto del médico o ginecólogo. “Los fitoestrógenos alivian los sofocos, aunque menos intensamente que los estrógenos sintéticos, protegen el aparato cardiovascular, reducen la pérdida de calcio, reducen la incidencia de cáncer de colon, son atioxidantes y reducen el colesterol”, aclara el doctor Jorge Alonso, médico especialista en fitomedicina.
Las siguientes se destacan como las plantas más adecuadas para utilizar durante la menopausia:
Soja (Glycine max): Se destaca su contenido de isoflavonas -dadzeina y genisteína- , sustancias que sin ser homonas, actúan como los estrógenos femeninos supliendo su carencia y por este motivo, se denominan fitoestrógenos. No sólo es beneficioso en el alivio de la sintomatología climatérica sino que también se asocia con una disminución del riesgo de cáncer de mama y endometrio.
“Da buenos resultados un plato de brotes de soja y brotes de alfalfa (esta última también tiene fitoestrógenos, pero en menor cantidad), al menos 4 veces a la semana. Los proteinizados de soja (se venden en dietéticas) también son un buen aporte como el queso tofú, a razón de 200 gramos diarios, y la leche de soja, dos vasos diarios, uno por la mañana y otro por la noche, para mantener los niveles de fitoestrógenos adecuados en la sangre. Igualmente, lo más recomendado son los suplementos en forma de comprimidos o cápsulas.
También se encuentran fitoestrógenos en la alfalfa, los garbanzos, algunos vinos tintos y las semillas de lino, aunque siempre en menor cantidad que en la soja”, dice el doctor Alonso a lo que la Dra. María Alejandra Rodríguez Zía, médica endocrinóloga y especialista en medicina biomolecular, agrega que “los porotos de soja no son una opción, pues la población occidental no esta adaptada para digerirlos. La mejor forma de consumir soja es como leche y tofú”.
Cimífuga (cimifuga racemosa): La raíz de esta planta contiene una isoflavona llamada formononetina que liberada en el organismo, actúa de forma similar a los estrógenos femeninos. Diversos estudios clínicos han demostrado su eficacia en el tratamiento de los síntomas neurovegetativos que se asocian a la menopausia, como la aparición de sudores nocturnos, sofocos frecuentes, sequedad vaginal y de la piel, dolores de cabeza y de esplada, vértigos, irritación nerviosa e insomnio.
Está contraindicada en caso de haber padecido algún trastorno hepático en el pasado. Tampoco es aconsejable alargar el tratamiento con esta planta más allá de seis meses y se debe tener en cuenta que interacciona con los medicamentos antihipertensivos. Se encuentra en cápsulas y también en raíz seca, en trozos o polvo para tomarla en decocción combinada con otras plantas que refuerzan su acción, como la salvia.
Salvia (salvia officinalis): Las hojas de salvia también contienen fitoestrógenos de efecto estrogénico gracias a los cuales es un remedio capaz de aliviar los sofocos. Además, al estimular la secreción de bilis reduce la acumulación de gases intestinales y calma los cólicos abdominales. También es muy útil en casos de inflamación de las encías y aftas bucales, por sus propiedades antiinflamatorias, antisépticas y astringentes. Es habitual tomarla en infusión hasta tres veces al día y también se puede utilizar en cápsulas, extracto fluído y tintura.
Trébol rojo (trifolium pratense): Además de ayudar a combatir los sofocos, las enfermedades cardiovasculares y la osteoporosis gracias a los fitoestrógenos que contiene, el trébol rojo equilibra el funcionamiento del aparato digestivo en caso de diarreas o estreñimiento. También sirve para calmar la bronquitis o la tos por irritaciónes de garganta. Se toma en infusión o en cápsulas.
Lúpulo (humulus lupulus): Esta planta se usa fundamentalmente por sus virtudes sedantes. Está indicada en los estados de intranquilidad y tensión nerviosa, así como para prevenir el malestar causado por la ansiedad. También previene el dolor de cabeza producido por la tensión corporal y los trastornos digestivos de origen nervioso. Se lo puede encontrar solo para elaborar infusiones, en cápsulas y en tintura.
Valeriana (valeriana officinalis): Aunque no se conoce a qué principios activos se debe la acción, lo que sí se sabe es que la valeriana calma los nervios, disminuye la presión arterial, relaja la musculatura y es muy eficaz para conciliar el sueño y mejorar su calidad. También es eficaz para calmar la irritabilidad típica de la menopausia. Lo más habitual, debido a su sabor y aroma desagradable es tomarla en forma de cápsula o comprimidos, tres veces al día, tanto sola como combinada con otras plantas sedantes. También se vende la planta seca para preparar infusiones, el extracto fluido y en tintura. No se recomienda en caso de insuficiencia hepática.
Glucomanano (amorphophallus konjac): Se utiliza como complemento en el tratamiento de la obesidad por el fuerte efecto saciante que proporciona, ya que disminuye eficazmente el apetito y las ganas de picar entre horas. Es fundamental beber bastante agua para que la fibra se hinche y tenga efecto saciante. Además de reducir el apetito, regulariza el tránsito intestinal y disminuye las grasas plasmáticas. Se vende en polvo o cápsulas y la dosis depende de cada persona por lo que es importante que la prescriba un especialista.
Te verde (camellia sinensis): Es estimulante sobre el sistema nervioso central, aumenta el estado de vigilia y la capacidad física, además de estimular el metabolismo. Es un eficaz diurético para evitar la retención de líquidos y acelera la eliminación de grasas. También disminuye los niveles de colesterol sanguíneos y tiene una marcada acción antioxidante. En uso externo, el té verde se utiliza para reducir la celulitis. Además de usarse como infusión estimulante, es fácil de encontrar en cápsulas. No se debe tomar en caso de hipertensión arterial, arritmias cardíacas, gastritis, úlcera péptica, epilepsia, hipertiroidismo, ansiedad, insomnio, embarazo, lactancia y en niños menores de 12 años.
Ajo (allium sativum): El ajo es un vasodilatador que fluidifica la sangre, por lo que favorece la circulación sanguínea y evita la formación de trombos. También disminuye la presión arterial y los niveles altos de colesterol, además de ser un potente antioxidante. Se lo puede incluir diariamente en la dieta o usarlo en cápsulas, con las que se evitará el mal aliento. Está contraindicado en personas con trastornos de la coagulación.
Prevención y calidad de vida
Más allá de los paliativos naturales o no, es fundamental un cambio en el estilo de vida. Lo ideal sería que no sea un cambio sino una rutina que se lleva desde mucho antes de llegar a la menopausia.
- Es importante seguir una alimentación rica en calcio, variada, completa y equilibrada consumiendo frecuentemente cereales, legumbres, verduras, frutas, grasas insaturadas, como el aceite de oliva y pescados, y moderando el consumo de proteínas, grasas animales y sodio.
- Para la regeneración de los huesos y para aumentar el tono muscular y evitar las fracturas es importante realizar actividad física aeróbica que deberá ser adecuada a la edad y a las características particulares de cada mujer.
- Mantener el peso ideal a través de los años.
- No fumar.
- No ingerir excesiva cantidad de alcohol, café o té ya que, además de colaborar con el nerviosismo, inhiben la absorción del calcio.
- Es obvio que también es beneficioso disminuir el estrés todo lo posible y exponerse al sol. Con sólo 5 minutos de sol sobre la palma de la mano alcanza para cubrir la necesidad de producción de vitamina D.
- En cuanto a los controles de rutina, la visita al ginecólogo es fundamental. Los controles de rutina: PAP y colposcopía anual deben seguir como durante toda la vida a partir del inicio de las relaciones sexuales.
- Desde el momento de la menopausia, se agrega al chequeo una densitometría que se realiza con una frecuencia variable si es normal y no es necesario repetir todos los años.
- También es necesario realizar una mamografía anual ya que desde los 50 años aumenta la probabilidad de cáncer de mama, que de diagnosticarse antes de que la lesión se palpe, tiene excelentes probabilidades de curación. Esta es la única herramienta con la que contamos para detectar lesiones en etapas preclínicas (no palpables).
Al hablar de calidad de vida debemos incluir también una vida sexual plena. La llegada de la mujer al climaterio no debería implicar el fin de la vida sexual sino que a partir del tratamiento de los síntomas que aparezcan, entre ellos y uno muy frecuente en un 45%, la falta de deseo, o la sequedad vaginal, las mujeres podrían disfrutar de una vida sexual plena aún después de la menopausia.
“En la menopausia es fundamental que las hormonas estén en equilibrio, tanto los estrógenos y la progesterona como los andrógenos, porque si bien la testosterona no es la hormona principal en la mujer, actuaría también en la esfera sexual, en cambios de estados de ánimo, en la fatiga muscular, etc. Durante la vida fértil de la mujer, los andrógenos son producidos por la glándula suprarrenal y por los ovarios. Al entrar en menopausia, la mayor cantidad de andrógenos es producida fundamentalmente por el ovario. Es por eso que no todas las mujeres presentan disminución de andrógenos al entrar en el climaterio y debe ser individualizada aquella mujer que requiere recibir andrógenos. El descubrimiento de la función directa que estas hormonas ejercen sobre el desencadenamiento del deseo sexual dio lugar a un nuevo tratamiento a base de estas hormonas que consiste fundamentalmente en adaptar la medicación disponible para hombres a la dosis necesaria para mujeres.”, explica la Dra. Rosana Molina, miembro del departamento de Climaterio, Menopausia y Osteoporosis de Halitus Instituto Médico.
Fuentes: www.cancerteam.com, “Salud natural para la mujer, de la pubertad a la menopausia”, de María Tránsito López y Carlota Máñez, editorial Oceano Ambar y www.plantasmedicinales.org.