

En la naturaleza, la simbiosis es una forma de supervivencia porque permite asociaciones ventajosas. Un ejemplo es la relación entre el pez ocellaris clownfish que nada entre los tentáculos de la anémona Heteractis: el pez evita que otros se coman a la planta y ella lo defiende de predadores.
La psicología o el saber popular llevó este término a la pareja, pero, en este caso, no es bueno para ninguno de sus miembros: la relación simbiótica se come a uno y a otro y puede terminar con la unión. Una pareja simbiótica, por lo general, se compone por individuos con baja autoestima e inseguridades que los lleva a conformar un vínculo cuya característica más importante es la ausencia de un equilibrio entre los espacios propios e individuales. En cambio, en los vínculos armónicos, cada uno tiene una vida independiente de la que disfruta y accede de buen gusto a compartir parte de ella con su pareja.
Dos mitades
En una pareja simbiótica, la presencia de terceros siempre pone en juego la relación y el miedo a ser reemplazado. “Son inseparables, hay mucho control y arman todos los proyectos juntos, incluso los individuales. Indefectiblemente, en esta relaciones, cuando uno piensa en hacer algo, lo hace en función de que el otro tenga tiempo de ir. No pueden sacarse en ningún instante al otro de la cabeza”, explica la psicóloga Beatriz Goldberg, especialista en crisis de pareja y autora del libro “Quiero estar bien en pareja”.
Uno de los orígenes de estas relaciones está en el miedo que inspira la libertad en cada uno de sus miembros. Es por eso que hacen todo de a dos, piensan todo igual y tienen más espacios comunes que individuales. Tratan de ir en bloque en salidas con amigos en común y casi no están a solas con nadie.
Hernán (31) y Florencia (28) viven juntos desde hace tres años, en Bariloche. Hace unos meses un amigo de él –Diego- lo fue a visitar un fin de semana aprovechando que ella tenía que rendir unos exámenes. “Queríamos ir a tomar algo el sábado a la noche, al centro de la ciudad, y ella se puso como loca. Empezó a gritar y a llorar . Me dijo que era un mal amigo que llevaba por mal camino a su novio, abrió mi valija y me mojó toda la ropa con agua. Yo no sabía dónde meterme”, cuenta Diego, quien todavía intenta entender qué pasó.
Amor encadenado
A ningún elemento del afuera se le permitirá irrumpir en una relación simbiótica de manera abrupta y crear desequilibrios que la pongan a prueba. En este sentido, es una especie de contrato de estabilidad sin sobresaltos.
Una de las definiciones populares de estas parejas es que “no se necesitan porque se aman sino que se aman porque se necesitan”. Por eso, los especialistas sostienen que esa necesidad imperiosa muchas veces genera sentimientos adictivos- que pueden llegar a posesivos y restrictivos- cuando predomina la sensación de que uno no puede vivir sin el otro.
“Tienen mucho miedo a que el otro salga con amigos, conozca a alguien y la engañe. A veces una no se otorga permisos para que la pareja no pueda hacer lo mismo”, agrega Goldberg.
Estos vínculos pueden llegar a durar toda la vida o ser cíclicos, con una etapa de mayor independencia y otra en donde suele regresar esa tendencia simbiótica.
Los problemas pueden aparecer cuando uno de los miembros de estas parejas recobra parte de la autoestima perdida y se da cuenta de que necesita más espacios y que la relación no le puede brindar. Cuando uno de los dos quiere poner fin a la relación, empieza a tomarse espacios propios que desconciertan al otro que suele recriminar con frases tales como “no me consultaste” o “por qué hiciste esto”.
Muchas veces, cuando la crisis parece amenazar a la pareja, ésta logra aprovecharla positivamente convirtiéndola en una oportunidad de crecimiento y optimización de funcionamiento.
Sana separacion
Para desarticular una pareja simbiótica, primero hay que desterrar la idea de que si sus integrantes tienen una vida social individual además de la propia puede existir el riesgo de la infidelidad. Es importante tener en cuenta que esa apertura va a ser totalmente enriquecedora para ampliar los temas de conversación, establecer nuevos debates y que el hecho de conocer gente siempre ayuda a redescubrirse uno mismo.
Los especialistas en pareja sostienen que para salir de estos vínculos asfixiantes es interesante que cada uno trate de hacer pequeñas cosas como ir a caminar solo o realizar alguna tarea laboral sin el acompañamiento del otro. También es muy importante trabajar los miedos, ya que a veces los privan de espacios individuales enriquecedores por temor a que el otro también se los tome.
“En mi práctica diaria, tuve la suerte de asistir al salvataje de relaciones asfixiantes que se vieron beneficiadas por la entrada de un soplo de aire fresco. No todas las parejas superan la prueba de la libertad, pero las que lo logran, formulan nuevos contratos afectivos mucho más convenientes”, concluye Goldberg.
Palabras claves
Otra forma de reconocer si la pareja es simbiótica o armónica es escuchando lo que dicen sus miembros:
✱ Simbiótica: “Te aclaro que si llegás a ir al gimnasio ése donde va tu amigo, yo me tomo la revancha y me voy a bailar sola”.
✱ Armónica: “Voy a aprovechar los días en los que vos vas al gimnasio, para hacer un curso de computación.
✱ Simbiótica: “Tenemos turno a las cuatro para el cardiólogo”.
✱ Armónica: “¿Tenés hoy tu turno para el cardiólogo? ¿Querés que te acompañe?”.
✱ Simbiótica: “Decile a Juan que no podemos almorzar con él porque tenemos que ir al supermercado”.
✱ Armónica: “¿Podés llevarme al supermercado en el auto así no tengo que esperar el envío?” .
✱ Simbiótica: “Tenemos que empezar el curso de inglés. Nos va a venir bárbaro para el trabajo”.
✱ Armónica: “Tengo ganas de hacer un curso de inglés porque es cada vez más esencial para crecer en mi trabajo”.
✱ Simbiótica: “Mañana nos tenemos que levantar temprano: ¿vamos a dormir?”.
✱ Armónica: “Tengo sueño, tuve un día agotador, me voy a domir. ¿Vos te quedás un rato más?”.
TEST DE PEGOTEO
Una mayoría de respuestas afirmativas determinará el grado de simbiosis de su pareja.
➜ Cada uno de ellos perdió el nombre propio y adquirió un nombre en común con el cónyuge.
➜ Ninguno de los dos puede recordar cuál fue el último momento que pasó en soledad.
➜ Tienen sólo amigos y actividades comunes
➜ El horario de uno es el horario de otro. Por ejemplo: “No puedo encontrarme con vos a las seis porque es la hora en que Pablo llega a casa y tengo que estar”.
➜ Ninguno recuerda qué tipo de música o de comida le gustaba antes de conocer al otro.
➜ Una forma muy común de asegurarse de que el otro no va a hacer algo solo es la amenaza. Por ejemplo: “Si te vas a tomar algo con tu amigo, me voy a bailar y no me ves más al pelo”.
➜ Toda actividad independiente de uno de los integrantes de la pareja es vivida por el otro como una amenaza.
➜ Existe la certeza compartida de que la pareja es renunciamiento. Por eso, cada uno vive renunciando a lo que desea para satisfacer al otro y termina por no recordar lo que deseaba.