

Así como la ciencia encontró en los antibióticos el remedio a la infección, pero también produjo la destrucción de la flora intestinal y la caída del sistema inmunológico, la misma ciencia encontró en los alimentos a los prebióticos, sustancias activas que fermentan en los intestinos y producen ácidos grasos de cadena corta que son el "alimento" preferido de las células del intestino grueso (colonocitos) para mantenerse saludable. Por eso, ahora, tenemos muchos alimentos portadores o enriquecidos con estas sustancias, a los que ahora debemos agregar a las almendras.
El Food Research Institute realizó un estudio en un simulador físico y bioquímico del tracto gastrointestinal y acaba de publicar las conclusiones en "Applied and Environmental Microbiology". De acuerdo a ellas, el consumo de almendras, además de aportar vitamina E y minerales y reducir los niveles de colesterol, mejora el funcionamiento del estómago por su aporte de prebióticos
Dentro del simulador, las almendras digeridas aumentaron el número de ciertas bacterias beneficiosas para el organismo, aunque el detalle fue que no ocurrió lo mismo cuando se extrajo la grasa del preparado de almendras, lo que sugiere que las bacterias "buenas" usan esa grasa para crecer y ahí estaría la clave de los efectos prebióticos.
Mientras terminan de investigarse estas cualidades, vale la pena aclarar que un promedio de 20 almendras por día es una excelente fuente de vitamina E, magnesio, proteínas, fibra, grasas monosaturadas sanas, potasio, calcio, fósforo y hierro, de aporte esencial para la salud integral y específicamente, la del corazón. Además:
Poseen un 10% de fibra soluble ideal para estimular los movimientos intestinales y para dar sensación de saciedad.
Son ricas en proteínas, con un aporte similar al de la carne, lo que las constituye en aliadas en las dietas vegetarianas.
Son una de las pocas fuentes de proteínas vegetales que contiene arginina, un aminoácido esencial para los niños.
El contenido en hierro es otra de sus virtudes: 50 gramos de almendras aportan una dosis de hierro muy similar a la de las espinacas y 30 veces menos calóricas.
Socias en la prevención
Lo que el estudio del Food Research Institute concluyó sobre la grasa de las almendras, se extiende a sus colegas, las nueces, avellanas y castañas. Más de la mitad del contenido de las frutas secas son lípidos (grasas), con predominio de los saludables ácidos grasos insaturados: ácido oleico (en mayor cantidad en almendras y avellanas) y olinoléico (abundante en las nueces). Estas sustacias tienen un rol protagónico en el descenso del colesterol malo, la circulación sanguínea y la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Varios estudios han comprobado que el consumo de frutas secas durante 20 a 25 días, reduce el colesterol malo en un 10%.
Además, cada variante tiene un aporte plus y particular:
Nuez: son el segundo alimento más rico en antioxidantes de todos los vegetales analizados, según un estudio de 2002. Es decir que evita el envejecimiento orgánico y el desarrollo de otras enfermedades
Castaña: como es la más rica en hidratos de carbono complejos y agua (cercano al 50%), es la menos calórica y, si se suma su aporte de fibras, es una aliada de la dieta de descenso de peso.
Avellana: su riqueza en ácido oleico, llevaron a que se la defina como cápsulas de aceite de oliva y tiene enormes beneficios para el corazón. Pero, además, una ración de 30 g de avellanas aporta un 9% de la cantidad diaria recomendada de ácido fólico, esencial para el embarazo sano y la salud del recién nacido.